martes, 6 de marzo de 2012

De compras por el Rastro de Madrid

Después de una noche de fiesta, nada mejor para espabilarse que un paseo por el Rastro de Madrid. No soy una persona madrugadora pero, a sabiendas de que la única forma de dedicarme tranquilamente al rebusque es ir temprano para evitar a la masa, me levanté a horas mundanas y a las 9 salí de la osera que mi amigo Saintwolf tiene en Tirso de Molina. Para un provinciano como yo, hay que aprovechar las escasas ocasiones en que uno va a Madrid con cierto tiempo.

El Rastro ha cambiado. La primera vez que lo visité, hace ya muchos años, era básicamente un magnífico sitio donde comprar quincallaría y mercancía esencialmente inútil. Al menos así es como lo recordaba. Ahora es un mercadillo donde los hippies y los vendedores de camisetas falsas de CR7 y Messi se han hecho un hueco importante. No es que esto sea malo, pero me gustaba más en su versión más castiza.

El Rastro no es un sitio donde conseguir música étnica sea algo sencillo. De hecho, es bastante complicado, pero con un poco de paciencia puedes mercarte alguna cosilla interesante. Curiosamente, en ningún puesto dedicado a la música encontré algo de mi interés. Cosa lógica, por otro lado. Los vinilos y los cedés eran mayoritariamente de música española: predominaban El Fary y Rocío Jurado y además no tenían un precio de ganga. En cambio, los viejos cassettes, amontonados en cajas y bolsas polvorientas, sí que eran más variados y al precio general de un euro la unidad. Me gasté 6 euros y me llevé 8 cintas entre las uñas.

Estas son las cintas que compré:

  • Olga Manzano y Manuel Picón, Fulgor y muerte de Joaquín Murieta. Gran cantata que mis padres tenían el CD, pero que me pareció interesante tenerla en un su formato original.
  • Johnny Clegg & Savuka, Heat, dust and dreams. Incluye la canción Osiyeza, que es una de las más conocidas del grupo.
  • Genesis, We can't dance. Es rock, pero me gusta Phil Collins.
  • Varios artistas, A celtic heartbeat Christmas. Muy bonita, canciones celtas para la navidad.
  • Inka Marka, Jatarishunchi Mashicuna. Una preciosa cinta de música cien por cien andina.
  • Eddy Grant, My turn to love you. Parece que no está en su discografía oficial. Imagino que será alguna edición recopilatoria exclusivamente española.
  • Adarve, Del coló de la tierra. Un grupo extremeño. La compré básicamente por la Jota de Quintana de la Serena, de la cual algunos de mis familiares tocaban al piano una versión parecida.
  • Jorge Cafrune, Jorge Cafrune. Una edición española de su disco de 1962.


Me sorprende cómo las cintas han quedado tan relegadas en el coleccionismo musical. Es verdad que no tienen la calidez de los vinilos ni la facilidad de uso ni la calidad de los cedés, pero creo que en toda musicoteca decente debe haber un pequeño apartado dedicado a este formato que tanto tiempo nos acompañó y que sirvió a tantas generaciones para iniciarnos en la música. Y aún más considerando el precio al que se pueden conseguir.

martes, 28 de febrero de 2012

Los Oscars de Hollywood y la música étnica

¿Pueden tener algo en común alguien que acude a festivales de música étnica y alguien que espera largas horas para ver a los actores del momento en la alfombra roja? En principio, y de forma bastante superficial, no. Sin embargo, son varias las bandas sonoras y canciones de grandes películas que incluyen elementos de la música de raíz, si no de música étnica. Muchas de ellas han sido muy aclamadas y algunas, incluso, premiadas con estatuilla. Parto de mi creencia de que los Oscar no son un gran retrato de lo que la gente considera mejor película, mejor actor o mejor banda sonora (a esto sólo se aproximan el festival de Venecia, Berlín, San Sebastián y cosas así), pero me acotaré a estos premios por ser los de mayor popularidad.

Un éxito rotundo relativamente reciente fue Slumdog millionaire que, de la mano de A.R. Rahman, se llevó entre otros los Oscars a la mejor banda sonora y a la mejor canción original (el fabuloso baile bollywoodiense Jai ho). Rahman ya ha pisado varias veces la alfombra roja, y su música en 127 horas y el dúo con Dido en If I rise, de la misma película, fueron también nominadas. Otra gran banda sonora de película ambientada en la India, Gandhi, se fue de vacío en esta categoría -lógico, si pensamos que Ravi Shankar y George Fenton tuvieron que competir con la mítica música de E.T. el extraterrestre, de John Williams-. La pieza "Discovery of India" ambienta la que es, para mí, una de las grandes escenas de la historia del cine "étnico".

La música de La última tentación de Cristo, de Martin Scorsese, fue compuesta por Peter Gabriel en colaboración con grandes estrellas del entonces emergente panorama de la world music. Fue nominada en los Golden Globe (Globos de oro) del 88, y tuvo un gran éxito que ayudó a popularizar a artistas como Baaba Maal o Nusrat Fateh Ali Khan. Otra canción de Gabriel es Down To Earth, de los créditos de Wall·E, que canta junto al Soweto Gospel Choir sudafricano y que perdió en la gala frente a Jai Ho, arriba mencionada. Más o menos relacionada con Peter Gabriel y su disquera Real World Records es la OST de El jardinero fiel, compuesta por Alberto Iglesias con la participación del keniata Ayub Ogada, que aporta temas viejos y de nueva creación a la lista de canciones.

De Iglesias es, por cierto, el tema principal de Cometas en el cielo, que suena tan arabesco como si la hubiera compuesto el mismísimo Mohamed Abdel Wahab. Siguiendo un poco con la temática árabe, creo importante destacar la ganadora banda sonora de Aladdin y sus bonitos temas, algunos tan arabescos como este de Arabian Nights. Otro musical importante sería El príncipe de Egipto, que no ganó en banda sonora pero se llevó el Oscar a la canción original, aunque ésta poco tiene que ver con la música étnica. Y no creáis que me iba a olvidar, no. Esta sí que no podía faltar. Lawrence de Arabia, con el gran Peter O'Toole. La más mítica de las bandas sonoras arabescas.

Qué decir de Tigre y Dragón, con esa música que nos transporta a montañosos bosques de bambú, o del sonido New Age de Lisa Gerrard que tan bien le viene a Gladiator. Otra banda sonora mítica, qué duda cabe, es la de Braveheart. Escuchando esas gaitas y viendo los heroicos y peludos rostros ensangrentados de Mel Gibson and friends daban ganas de salir a cortar cabezas unionistas. Casualidad o no, el mismo día que escribía esta entrada, la cantante de folk escocés Julie Fowlis publicaba este tuit en su cuenta de Twitter... ¿Tendremos nominación para el año que viene? No lo sabemos, pero en la gala de este año 2012 había una candidata que encajaba perfectamente en esta pequeña selección: el "opening" de Rio, compuesto entre otros por Sérgio Mendes o Carlinhos Brown. Competía con una única canción, la divertida "Man or Muppet" de Jason Segel y sus muppets o teleñecos, que le ha acabado arrebatando la estatuilla.




Pero cómo acabar este texto sin mencionar a una de las grandes bandas sonoras de nuestra infancia: la de El libro de la selva. La canción The Bare Necessities (Busca lo más vital, en su versión en español) fue nominada a mejor canción original. Este temazo de jazz al más puro estilo New Orleans no ganó. Sin embargo, no deja de sorprender que la mítica I Wan'na Be Like You (Quiero ser como tú), otra magnífica muestra de jazz sureño cantada por Louis Prima en el papel de Rey Louie, ni siquiera estuviera nominada. Creo que el tiempo ha puesto las cosas en su sitio y ahora es una de esas canciones inolvidables y llenas de ritmo que nos ha dejado la casa de Mickey Mouse... aunque la Academia no hiciera justicia con ella. El Rey León, Tarzán, La sirenita... son numerosas las películas Disney con grandes bandas sonoras "étnicas".

Esta es una compilación corta. Hay otras muchas películas con grandes bandas sonoras que han merecido nominaciones en los Oscars, pero es imposible nombrar y enlazar a todas sin volverse loco. Considerad esta lista lo que es, mi pequeña selección personal. Han habido muchas otras bandas, músicas y canciones que han adornado con un bonito ambiente étnico gran variedad de películas que, ni por asomo, han llegado a los Academy Awards, pero para ellas escribiré, en el futuro, otra entrada.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Oema Lobi (Músicas de gasolineras del mundo)

Me encanta eso que llamo el rebusque. Lo de recorrerse tiendas de viejo es un arte que cada vez practica menos gente. La sensación que te invade cuando entras en una librería de libros usados y sientes el olor de miles de manos agarrado a esas páginas marrones y quebradizas es única. El tendero, hombre resabiado y conocedor, charla con la clientela de cualquier tema, sabedor de que no le vas a pillar y de que si lo haces -qué coño-, sabrá disimularlo con la soltura que dan años tras el mostrador. La conversación con los vendedores más jóvenes es, aunque corta y directa, más productiva para mí, probablemente por una mayor similitud debido a la edad.

Paseaba el otro día por Granada cuando decidí pulirme los diez eurillos que llevaba encima en Reciclaje, una de esas tiendas de libros-cómics-música de segunda mano. Es parada obligada cada vez que voy por aquella ciudad. Desde Gran Capitán, encaré hacia la calle San Jerónimo temeroso, como siempre, de que la puta crisis me haga encontrarme un día con un escaparate con la persiana metálica echada. Tienen una sección dedicada a las músicas del mundo que se renueva lenta pero continuamente. Allí he comprado buena parte de mi pequeña colección de vinilos.

Rebuscando entre los viejos discos, encontré uno bastante destrozado a un precio razonable. Un viejo sencillo, destrozado, de 45 rpm con 2 canciones por cara de Oema Lobi, que así se hacía llamar el grupo. El nombre y la raza y estética de sus integrantes me hizo suponer, erróneamente, que se trataba de una banda africana. Abrí los ojos como un queso cuando vi que en realidad que se trataba de un disco surinamés, editado por el sello flamenco Disco Amigo. A pesar de andar detrás de un disco del "famoso" Carlo Jones desde hacía tiempo, no tenía ningún álbum de este país y, como muestra, me interesaba tenerlo. No disponía de mucho tiempo y el giradiscos de la tienda estaba ocupado, así que hice algo a lo que ya había recurrido en alguna ocasión y siempre con buenos resultados: comprar a ciegas. Nada más llegar a casa encendí el equipo. En cuanto la aguja empezó a deslizarse suavemente por los finos surcos del disco, la habitación se llenó con la calidez de esta melodía:


¡Voilá! Se trataba de música kaseko, un estilo musical, en principio basado en la percusión, nacido en la Guyana holandesa. Había leído mucho de este género, pero nunca lo había escuchado.

No he encontrado nada de información sobre el grupo, aunque en YouTube se pueden escuchar muchas canciones suyas. A pesar de la aparente rareza y de la falta de información en linea, no puedo rendirme y he de convocar a los (pocos) lectores del blog para que, si saben algo, se animen y nos comenten sobre el grupo o sobre temas relacionados. Al fin y al cabo alguien tuvo que traerlo a España.

jueves, 16 de febrero de 2012

Un libro para tu MP3: The Rough Guide book of playlists

Durante mi estancia de un año en el Reino Unido, experimenté una crisis de compras en linea. El mercado de segunda mano en las islas es completamente contrario al español: la reventa no se realiza para recuperar la inversión, como se hace en España, sino para descongestionar las estanterías ante la falta de espacio en las pequeñas casas. Los precios son reducidísimos. Además, a ello se suman los bajos precios de los gastos de envío. De esta forma compré, diría que compulsivamente, muchos discos en eBay RU bajo la fórmula 0.99+1, es decir, 0.99 libras el disco más una de gastos de envío.

También compré muchos libros. Libros de música, entre otros. Uno de ellos fue The Rough Guide book of playlists. Se trata de una recopilación de canciones, agrupadas en grupos de diez en distintas listas de reproducción propuestas por diversos escritores y músicos. Entre estos últimos, destaco Eric Clapton, Moby, Jazzy B, Sinéad O'Connor, Dr. John o Mariza.


Las listas pueden ser de géneros musicales, bandas, temática o ambientación. Música cubana, highlife nigeriano, ska o fado; Peter Gabriel, Smashing Pumpkins o The Pretenders y canciones sobre drogas, canciones plagiadas o música para barbacoas. Simplemente genial.

Durante mi última semana de estancia en Escocia, mis multinacionales compañeros de piso y yo organizamos una fiesta de temática hawaiiana o tropical y dedicamos toda una mañana a buscar en Spotify las canciones recomendadas por el libro para estos exóticos temas. La fiesta fue un éxito rotundo y fueron muchos los que se nos acercaron para felicitarnos por la original selección musical, de la cual, sobre todo este bloguero, nos sentimos muy orgullosos.

Ni que decir tiene que no todas son fantásticas: la lista dedicada al flamenco, por ejemplo, creo que deja bastante que desear, pero al fin y al cabo no dejan de ser unas recomendaciones generales para un público también general, más que unas selectas antologías.

Algunas listas curiosas son Colours, canciones con títulos de colores (Brown sugar de los Rolling, Yellow submarine de los Beatles o Orange crush de R.E.M.), Chickens & insects (Chiken crazy de Joe Tex, Cold turkey de John Lennon, I man a grasshopper de Pablo Moses o Mosquito song de Queens of the Stone Age), Iceland, rock's coolest outpost, Gypsy music, Hip-Hop classics o Pasifika music. Un librito, en definitiva, que debe estar en la biblioteca de cualquier melómano y amante de las músicas del mundo.

sábado, 31 de diciembre de 2011

La moda manda: las burbujas musicales en la música étnica.

Incluso en lo relativo a la música de raíz -en teoría menos afectada por los subidones comerciales del verano y por lo que chana en el programa televisivo del momento- todo está sujeto a la moda y a los gustos pasajeros.  Ya pasó con la música india: The Beatles, Camarón,... hubo muchos no indios que se encargaron de darle popularidad. Ravi Shankar fue pieza clave de aquel boom, y su colaboración en la banda sonora de la película Gandhi fue todo una aclamada obra que alargó la pasión mundial por los sitares. La música clásica india sigue siendo atractiva para el gran público, pero ha ido perdiendo fuerza en el tiempo y otros estilos como Bollywood o el banghra le han ido comiendo el terreno. Repartiéndose el pastel entre los tres, la música hindú ha ido se ha fragmentando perdido fuerzas en su conjunto.

Otro caso singular fue la pasión global que inició el Buena Vista Social Club (1999) Esta película y su banda sonora disfrutaron de un éxito sin precedentes y puso los sones, boleros y guajiras cubanas en la primera fila de la música mundial. En España este éxito fue aún mayor, pues ya estábamos familiarizados con la música tradicional de nuestra más querida ex colonia -quién no conocía a Carlos Puebla y sus revolucionarias canciones, los mambos de Pérez Prado o Benny Moré o la nueva trova de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés- y, además, a Buena Vista se les unieron los ya conocidos sonidos de los "muchachos" de la Vieja Trova Santiaguera y un Compay Segundo que gustó más por su carrera en solitario -su María en la playa fue una especie de canción del verano alternativa-, formando un tridente bestial que arrasó con giras que pasaban por todas las capitales de provincia españolas. Pero todo lo que sube tiene que bajar y, como en el caso indio, la burbuja empezó a enfriarse con la desaparición de Compay, la retirada de la Vieja Trova  Santiaguera y la posterior deriva un tanto jazzística de Buena Vista, faceta que no acabó de cuajar del todo en nuestro país. No obstante, partíamos de un grupo de aficionados muy grande y no fue una caída en absoluto repentina. A esto contribuyó, sin duda alguna, el lanzamiento en 2003 del gran Lágrimas negras, el álbum donde El Cigala y Bebo Valdés fusionaron el flamenco y el jazz cubano, convirtiéndose en un fenómeno abiertamente mainstream. Fue el gran punto y seguido de la época dorada de la música cubana en España. A partir de Lágrimas negras, el gusto de los españoles por la música de la isla se diversificó mucho y de nuevo otra película, Habana Blues (2005) jugó un papel fundamental, teniendo un singular éxito entre el público más joven -a quienes Orishas ya tenían encandilados desde hacía tiempo con su hip-hop latino en A lo cubano (1999)- y despertando el interés por nuevos y emergentes géneros como el funk afrocubano. Una mirada en perspectiva nos llevará fácilmente a la conclusión de que ese periodo de unos quince años dejó sonidos y recuerdos para la posteridad y una afición aún mayor por ese pequeño universo musical, único en el mundo, que es Cuba.

En los últimos años, han habido varios ejemplos de nuevas modas. No sabemos cuánto durarán, pero ahí están. Un caso destacado es el de la música tuareg. La cosa empezó fuerte, con el salto a la fama del grupo Tinariwen, lo que les llevó a tocar en WOMAD, The Roll Back Malaria Concert, Africa Calling… Llevaron el blues sahariano por todo el globo. Unos años más tarde, Real World Records, sello insignia de la fiebre por la música étnica de principios de los 90, lanza Ishumar, del grupo Toumast. Quizá una simple casualidad. Pero más tarde, el por entonces joven sello Cumbancha publicó un álbum de Bombino, un joven berebere cuya música cuadra exactamente con el estilo nacionalista y reivindicativo de los dos grupos anteriores. El sello World Village, de Harmonia Mundi, también se subió al tren tuareg y lanzó Aratan N Azawad, de Terakaft, por lo que ya hay otro trabajo similar en el mercado. A todo esto hay que añadir el más reciente Images de Kidal (2012), de Imidiwen. No creo que sea una coincidencia. Se juntan el hambre del público por la música tuareg y el deseo de las compañías tanto de complacer esa necesidad como de sacar beneficio económico. Esto es, huelga decirlo, absolutamente lógico y normal.

Más. Uno de los más recientes y repentinos booms ha sido el protagonizado por la música garífuna. Hasta hace bien poco, los garinagu eras unos desconocidos para los europeos. El sello beliceño Stonetree Records ya había publicado discos de música garífuna: Paranda (2000), que reunió a los viejos mitos de la música tradicional, tuvo un notable éxito entre la crítica especializada y asentó las bases de lo que vendría después. Pero la gran bomba cayó años después cuando Andy Palacio, el que fuera rey de la música popular de Belice, publicó en Cumbancha su primer disco de música tradicional en solitario: Wátina (2007). Pegó un petardazo sólo comparable al del previamente mencionado de Buena Vista Social Club: disco del año en World Music Charts Europe, Global Rythm, Songlines, National Geographic Music, álbum internacional más vendido en Amazon; Palacio elegido Artista para la Paz de la UNESCO, mejor artista de las Américas en los premios de la BBC 3… Al año siguiente, el mismo sello saca Umalali, un disco en el que las mujeres garífuna cantan canciones tradicionales. Desgraciadamente, un infarto acaba demasiado pronto con la vida de Andy Palacio en 2008… y tres años después Real World Records publica, en su honor, el segundo trabajo de un amigo suyo, el también garífuna Aurelio Martínez. No han habido, que yo sepa, nuevos trabajos significativos de músicos garífuna, aunque intuyo que aún no ha acabado esta bendita avalancha. Andy siempre quedará en el recuerdo de los que amamos la música étnica. Además, los hispanohablantes somos unos privilegiados por contar con un excepcional documental, La aventura garífuna, el cuarto episodio del programa de Todo el mundo es música (TVE), grabado antes de su muerte.



Como véis, existen multitud de casos y estas fiebres repentinas seguirán apareciendo. Durarán más o menos, eso no importa. Lo realmente importante es el legado que dejen. En los casos concretos de garífunas y tuaregs aún no ha acabado el ciclo y es pronto saber qué quedará de ellos en los años venideros. Además, no todo son explosiones de furor colectivo ante nuevas e inexploradas músicas. A veces es un proceso gradual, que avanza lenta pero inexorablemente. Desde hace ya muchos años se viene viendo un creciente interés por la música balcánica, aupado, entre otras cosas, por el éxito de músicos como Emir Kusturica, fanfarrias gitanas como Fanfare Ciocărlia o el klezmer judío. La influencia de esta música ha traspasado fronteras y ya no podemos hablar de artistas locales de fama global, sino de un fenómeno mucho más amplio que ha influenciado a bandas de todo el mundo como La Mano Ajena o Gogol Bordello. Aquí también ha jugado un papel importante el cine, como por ejemplo las películas de Tony Gatlif y el propio Kusturica. De igual forma, el fado portugués está viviendo una nueva juventud, completamente metido en una espiral ascendente de popularidad, tan moderada como imparable. Y esto es así gracias a nuevos artistas como Mariza, António Zambujo, Ana Moura o Cristina Branco que han sabido, aún guardando su esencia, darle los nuevos aires que buscaba el gran público.

¿Quién será el siguiente bendecido?

viernes, 21 de octubre de 2011

Planeta de músicas tiene Twitter

Era inevitable, supongo. Planeta de músicas cuenta ya con su propia cuenta de Twitter. Puedo dejaros el enlace, pero queda más guapo todavía si escribo simplemente @Planeta_musicas. No tengo un fin claro para esta cuenta, pero imagino que podré "twittear" (ahora sí que molo) alguna noticia, alguna canción...


A ver qué tal sale el experimento.

sábado, 14 de mayo de 2011

Música zydeco en Barrio Sésamo

Navegando por la red en los días previos a un examen (hay que ver lo que le crece la curiosidad a uno), me he topado con este vídeo de Barrio Sésamo, Sesame street o Plaza Sésamo, como ustedes prefieran. En él explican a los niños en qué es el zydeco, qué instrumentos se usan y en qué contexto histórico se desarrolló. Un clip muy educativo y con una divertida canción que seguro gustó a los pequeños -y no tan pequeños- espectadores.



martes, 1 de febrero de 2011

Chris Velan & Sierra Leone's Refugee All Star - Iñez

Chris Velan es, para mí, el nuevo Paul Simon. Y no sólo por su parecido estilístico, vocal e, incluso, físico; sino además por el lanzamiento de un single en el que colabora con los africanos Sierra Leone's Refugee All Star, una de las revelaciones del año pasado del sello Cumbancha (que, quizás al rebufo de Putumayo, ha sabido hacerse un hueco importante en el mercado). La canción se llama Iñez, y no me digáis que no podría aparecer como bonus track en un relanzamiento del mítico Graceland de Simon... Para colmo, tiene ese sonido característico de las grandes bandas de los 50-60 del África occidental que tanto me pone.



La canción os la podéis descargar gratuitamente en este enlace.